Cuarta Historia
"LA DISECCIÓN DE UN COLIBRÍ"
Habitación en semipenumbra. Un ventanal que deja entrar la luz.
Dos hombres ingresan. Uno es viejo y trae un maletín de ejecutivo. Otro
es joven y trae una mochila. Ambos apoyan su equipaje en el suelo y
comienzan a organizar el espacio para su tarea.
EL JOVEN: A veces me quedo dormido sin darme cuenta
EL VIEJO: Yo hace mucho que no puedo dormirme.
EL JOVEN: Dicen que es muy bueno tomar un vaso de leche tibia antes de acostarse. Respirar profundo y relajarse.
EL VIEJO: Para mí el sueño es una batalla perdida.
EL JOVEN: Debe ser insoportable.
EL VIEJO: Lo afronto con dignidad.
EL JOVEN:
Yo me duermo como un angelito en cualquier sitio. Ayer entré a mi casa
y me senté para quitarme los zapatos. Ahí mismo me encontré por la
mañana con un zapato puesto y el otro solitario a un costado.
EL VIEJO: Eso es peligroso. Dormirse es entregarse. No son tiempos para cerrar los ojos. Hay que tenerlos bien abiertos.
El joven se acerca a la ventana rapidamente.
EL JOVEN: ¡Ahí está! Encendió la luz. ¿Si me duermo me despierta?
EL VIEJO:
Más te vale no cerrar los ojos. El trabajo es el trabajo. Mejor es que
te ocupes de los auriculares. Hoy serás los oídos y yo los ojos. (Toma
unos binoculares) ¿Qué estás haciendo?
EL JOVEN:
(Tomando de su mochila un enorme paquete de papas fritas) Cuando
empieza la función siempre se abre mi apetito. De chico me sentaba ante
el televisor y vaciaba el refrigerador.
EL VIEJO:
No te veo futuro . ¡Papas fritas! Este trabajo está cada día más
bastardeado. Cualquiera hace cualquier cosa ahora. ¿El sonido está
bien?
EL JOVEN: (Con la boca llena) Todavía no hablaron.
EL VIEJO:
No hables con la boca llena. (Saca un pequeño grabador de su bolsillo y
con voz monocorde ) Entra sujeto masculino de aproximadamente 40 años,
1,80 metros de estatura y 95 kilos de peso. Calvo. Sin señas
particulares a la vista. Coincide plenamente con el sujeto encomendado.
A partir de ahora lo llamaré “el colibrí”.
EL JOVEN: Es realmente creativo con los nombres.
EL VIEJO:
Años de experiencia. ( Vuelve al tono monocorde) Acompañado por xx de
sexo femenino de aproximadamente 25 años, 1, 70 metros de estatura, 65
kilos de peso. Rubia. A quien llamaré, para mejor comprensión, “la
musaraña” .
EL JOVEN: Éste sí que la pasa bien. Empezó como todo, con el cuento de siempre. Ya me conozco ese libreto de memoria.
EL VIEJO: Nadie te pidió opinión.
EL JOVEN: (Imitando lo que escucha) Tengo un lindo piso pero me siento solo...
EL VIEJO:
El colibrí es poco creativo, lo reconozco. Pero no vinimos a juzgar.
Simplemente estamos aquí para registrar los hechos. Deja de lado tus
impresiones. (Voz monocorde) La musaraña se quita el abrigo y se sienta
en actitud provocativa.
EL JOVEN: Esa es una impresión.
EL VIEJO:
¡Es objetivo! (Vuelve al tono monocorde)Se sienta con las piernas
abiertas. La musaraña demuestra ser una profesional de amplia
experiencia.
EL JOVEN:
Odio los tipos que le hacen el novio a las putas. Les pagan y todavía
se ven obligados a cortejarlas. Yo creo que lo hacen para sentirse
mejor con ellos mismos. Disimulan con ellos mismos. Yo nunca pagaría
...
EL VIEJO: No vinimos aquí a hacerte una interviú.
EL JOVEN: ¿Una qué?
EL VIEJO: Un reportaje. Continúa escuchando. No hagas ruido con las papas fritas.
EL JOVEN: Me gustan crocantes. Florencia. La musaraña, se llama Florencia.
EL VIEJO:
(Monocorde) El colibrí le ofrece bebida a la susodicha. Por el color y
la apariencia del líquido puedo determinar con un 90% de certeza que es
whisky.
EL JOVEN: ¡Confirmado! (Imitando) Whisky importado. Lo compré en Londres en mi último viaje. Se hace tan duro viajar solo...
EL VIEJO:
( Monocorde) La musaraña insiste con su actitud provocativa. El colibrí
se pasa el pañuelo por la calva. Se lo nota dubitativo.
EL JOVEN:
A quien se le puede ocurrir gastar dinero en espiar cosas tan
triviales. No es dubitativo es tonto. ( Imitando) No crea que he traído
aquí a muchas mujeres.
EL VIEJO:
Como se ve la falta de experiencia. Los hombres públicos aparentemente
son previsibles. Ellos defecan, comen y fornican como todo el mundo. No
hay ningún misterio. Lo fundamental para nuestro trabajo es saber cómo
defecan, qué comen y con quién fornican. Todos estos actos parecen
datos sin importancia pero pueden ser de gran utilidad si se los sabe
utilizar.
EL JOVEN: La...la comadreja le hace un pedido.
EL VIEJO: ¡La musaraña!
EL JOVEN:
(Imitando) No quiero parecer inoportuna pero si pudieras hacer algo...
te lo agradecería tanto. Son tiempos difíciles y mi marido pese a ser
un inutil en muchos aspectos es un buen empleado.
EL VIEJO: La musaraña está acorralando al colibrí.
EL JOVEN: Subsecretario. Dijo que es subsecretario. Es casi un don nadie.
EL VIEJO:
Te asombraría saber donde está el poder en el poder. No todo lo que
brilla es oro. No siempre mueve los hilos el que más cargos tiene. Las
decisiones pasan por tantas manos. Hay que saber que pieza apretar para
que funcione el mecanismo. (Monocorde) Colibrí se desplaza. Se aproxima
a la susodicha. (Al joven) ¿Qué dicen? (Golpeándole el hombro) ¿Te has
dormido?
EL JOVEN:
Le pido disculpas. Es tan aburrido lo que dicen que me adormecen. Ella
sigue... La musaraña continúa solicitándole trabajo al... al colibrí.
EL VIEJO: Quizá si mueves las piernas se te oxigena el cerebro. Es la última vez que te despierto.
EL JOVEN: Esta bien.
El joven se incorpora y comienza a correr en su sitio. Luego comienza con saltos y flexiones.
EL VIEJO:
Gimnasia, no. ¿Qué haces? La clase de aerobic. No sabes que pueden
verte. Ellos también tienen ojos. Ya no seleccionan al personal. ¡Hay
que saber acechar, que joder! Me dijeron que eras novato pero no pensé
que tendría que ser tu niñera. ¿Vos estás seguro que haces esto por
vocación?
EL JOVEN:
Yo de pequeño ya fisgoneaba. Me gustaba mirar por la mirilla de la
puerta. Por la noche espiaba quienes llegaban tarde en nuestro
edificio. Yo me quedaba quieto en la oscuridad durante horas hasta que
el ascensor se detenía en nuestro piso. En realidad no llegaba a mirar
demasiado. Un brazo. Un peinado. Una oreja. Eso me bastaba para saber
quien era. Yo los conocía a todos.
EL VIEJO:
¡La profesión bastardeada! Cualquier mirón se dedica a este trabajo
ahora. A quien no le gusta espiar la vida ajena. Esto es distinto. Es
mucho may que eso. Todo está en decadencia. Antes eran tiempos dorados.
Acechábamos un tiempo y luego entrábamos en acción. Para mí ese era un
premio. Podíamos dar el zarpazo. Los años sesenta... esos eran tiempos.
Ahí había estabilidad laboral. Uno se sentía apoyado por la patronal.
Nos sentíamos como príncipes.
EL JOVEN: ¿Quién nos paga?
EL VIEJO:
Menos pregunta Dios y perdona. ( Monocorde) Colibrí introduce su
miembro superior entre los miembros inferiores de la musaraña.
EL JOVEN:
(Se ríe) Esto se pone interesante. (Imitando a la mujer) Por favor,
espera. No te apresures. (Imitando al hombre) Me has vuelto loco.
EL VIEJO:
Antes había una sola patronal. Ahora todos pagan por información. Somos
útiles para tanta gente. No importa el color. Sacamos los excrementos
para afuera.
EL JOVEN: La mierda.
EL VIEJO:
Todos quieren husmear la mierda ajena. (Monocorde) El colibrí succiona
los pezones de la musaraña. Ambos desaparecen del campo visual.
Supuestamente cayeron al piso. ¿Qué dicen?
EL JOVEN: ¡Cómo grita la musaraña! Aúlla.
EL VIEJO: No entendí.
EL JOVEN: Que da alaridos.
EL VIEJO: Quiero que lo digas como un profesional.
EL JOVEN: La musaraña emite sonidos que hacen suponer que está alcanzando un orgasmo.
EL VIEJO: Así me gusta. Si pones voluntad.
EL JOVEN: ¡Llegó! La susodicha en pleno orgasmo.
EL VIEJO: El poder hace que los clítoris aúllen.
EL JOVEN: Usted habla como un libro abierto.
EL VIEJO: La musaraña se incorpora. Tiene el péctoris descubierto.
EL JOVEN: ¿Puedo mirar?
EL VIEJO: Se te ha ido el sueño. Mira , pero despacio.
EL JOVEN: Dios le da pan a quien no tiene dientes. ¡Qué pechos!
EL VIEJO:
(Monocorde) Por el volumen abundante y la turgencia de los pechos es
probable que a la musaraña le hayan hecho implante de siliconas.
EL JOVEN: ¿Nunca se calienta con lo que ve?
EL VIEJO: Es una cuestión ética. Yo siempre intento mantener la objetividad.
EL JOVEN: (Imitando al hombre) Dejame que te bese las tetitas. Soy goloso.
EL VIEJO:
Siempre voy de frente. Bueno, es una manera de decir ya que siempre me
toca ir detrás de alguien. Cuando lo hago intento ser riguroso. Yo hago
esto con una actitud científica.
EL JOVEN: La musaraña ha vuelto a gritar.
EL VIEJO:
Reiterados gritos de la susodicha reafirman la suposición que estamos
frente a una profesional que simula su excitación genital.
EL JOVEN:
Si simula, lo hace muy bien. Escuche, escuche... Colibrí presenta
claros signos de una disfunción respiratoria que hace suponer asma
bronquial por los reiterados silbidos que se escuchan.
EL VIEJO: Estas aprendiendo. Me dejaste con la boca abierta
EL JOVEN: Rigurosamente científico.
EL VIEJO:
(Monocorde)El colibrí se aleja de la musaraña. Busca en su traje un
pequeño envase que acerca a su boca. Es indudable que se trata de un
broncodilatador.
EL JOVEN: Rigurosamente científico
EL VIEJO: ¡Eureka! ¡Eureka!
EL JOVEN: ¿Qué pasa compañero?
EL VIEJO:
(Monocorde) Se observa nítidamente plano frontal del colibrí. Se
confirma la simulación del orgasmo de la musaraña. El pene erecto del
colibrí no supera los diez centímetros.
EL JOVEN: (Mirando también) Yo diría diez centímetros siendo optimista y en máxima erección.
EL VIEJO: Por fin un dato significativo.
EL JOVEN: ¿Y eso es importante? Para él seguro que sí, pero para nosotros...
EL VIEJO: Saber la dimensión del pene ajeno puede ser un arma letal. Hay que aprender a reconocer lo importante de lo superfluo.
EL JOVEN: Continúan los gritos y jadeos.
EL VIEJO: Poder descubrir que una mujer tiene una mastectomía o que un hombre sufre de ginecomastia.
EL JOVEN: ¿Ginecomastia?
EL VIEJO: Crecimiento indebido de las tetillas en el hombre.
EL JOVEN: Lo que dije: Un libro abierto.
EL VIEJO:
Detectar que una reconocida jueza es totalmente calva o que un
renombrado jurista es amante de placeres solitarios con su perra
pekinesa son datos invalorables. Somos recolectores de visceras.
Tenemos que seleccionar el material. Todos siempre tienen una
caracteristica “peculiar” y eso nos da la posibilidad de catalogarlos.
EL JOVEN: La musaraña sigue lanzando alaridos. Esto comienza a aburrirme.
EL VIEJO: El colibrí traslada a la susodicha fuera del campo de visión. Ingresan en lo que se supone es el dormitorio.
EL JOVEN: Más se estará aburriendo la musaraña.
EL VIEJO: ¿Hay micrófonos en el dormitorio?
EL JOVEN: Hay uno. Continúan los alaridos y el jadeo bronquial.
EL VIEJO: Campo visual obstruido por falta de luz. Sólo se pueden observar movimientos difusos de los sujetos
EL JOVEN: Creo que ha llegado el momento de hacer un recreo. Podemos dormir un rato. La noche será larga.
EL VIEJO: Nunca pensaste que alguien podía estar escuchando y mirando lo que hacemos.
EL JOVEN: ¿Quién se tomaría ese trabajo?
EL VIEJO:
Mirones que miran a los que miran. Yo estoy tranquilo. Evito las
debilidades. Objetividad y eficiencia. Ya no existe lugar seguro. Ya no
hay lugar donde esconderse. No sabes que hay satélites que registran
hasta el más mínimo movimiento. Solo se trata de controlarse. ¿Estás
escuchando?
EL JOVEN: Si, lo escucho.
EL VIEJO: Digo si escuchas al colibrí.
EL JOVEN: Sí, sí.
EL VIEJO: ¿Qué dicen?
EL JOVEN:
El colibrí jadea. La musaraña grita. No es eyaculador precoz. Me ha
gustado trabajar con usted. Puedo aprender mucho a su lado. Conoce bien
el oficio.
EL VIEJO: ¿A que se dedica tu padre?
EL JOVEN: No lo conocí.
EL VIEJO:
Yo aprendí solo. Todo trabajo tiene sus secretos. Lo fundamental es
hacerlo con motivación y entrega. Yo conocí a mi padre y te aseguro que
hubiera preferido no conocerlo.
EL JOVEN: Eso nunca me molestó. ¿Es casado?
EL VIEJO: Prefiero que no hablemos de nosotros. No vinimos a conversar.
EL JOVEN: Disculpe.
EL VIEJO:
(Monocorde) Sala decorada con objetos valiosos. Puede detectarse un
alto nivel económico del colibrí. Cuadros originales. No se pueden
distinguir, dada la distancia, los autores de los mismos. Jarrones de
porcelana. Mobiliario lujoso. Nutrida cantidad de bebidas alcohólicas
dan cuenta de elevada ingesta de alcohol. ( Al joven) ¿Novedades?
¿Estás dormido?
Se escucha el ronquido del joven. El viejo le quita suavemente los audífonos.
EL VIEJO:
(Vuelve el tono monocorde) Por quedarse dormido el asistente asignado
por la superioridad, de sexo masculino de 1,80 de estatura y 78 kilos
de peso aproximadamente, a quien a partir de ahora llamaré “el
chorlito” he tenido que hacerme cargo también de su tarea. El colibrí
solicita a la musaraña eyacular. La susodicha da su autorización.
Sonido de silbido en aumento. El chorlito continúa dormido y roncando.
Absoluta negligencia de su parte. Mi evaluación preliminar del mismo es
que se trata de un caso claro de anomia fruto de la ausencia paterna.
Yo continúo escuchando y mirando. Repito para quien quiera escucharlo.
Yo sigo escuchando y mirando. Yo continúo...
Telón

|