Quinta Historia
"MANOS LIMPIAS "
Escena 1
Habitación
de un hotel de mediana categoría en una ciudad de un país tropical. Un
ventilador de techo gira y gira. Es de noche. Un velador está prendido
junto a la cama. La luz intermitente de un cartel pubicitario entra por
la ventana.
Sobre la cama, el
señor Goodfellow, un hombre de más de cincuenta años está acostado
semidesnudo y sólo tapado por una sabana. Enciende un cigarrillo y lo
fuma con nerviosismo. Habla con alguien que está en el baño y a quien
nunca se ve en escena. Deberá notarse su presencia pero jamás se le
verá.
Goodfellow:
(Con un acento extraño. Es alguien que si bien habla bien el español proviene de otro país) En cuanto te ví me hiciste recordar a alguien. Algo en los ojos. Un brillo… Y la comisura de la boca, también… (Se escucha el sonido de agua que sale de un grifo)(Se sienta apoyado sobre la cabecera de la cama. Toca su enorme vientre. Se lo cubre con la sabana, avergonzado). No digo que seas igual a ella, pero me la recuerdas. (Dejándose llevar por el recuerdo) Yo
jugaba con mi prima durante la siesta. Teníamos ocho años. Era rubia y
tenía ojos claros. Yo amaba a mi prima. Yo amaba a mi prima. Dejábamos
cartas de amor en un rincón del jardín. Eran breves pero maravillosas
cartas de amor. Cartas destruídas inmediatamente después de ser leídas.
Era un secreto. Nunca estarán en una antología de cartas de amor. (Apaga
el cigarrillo. Se incorpora. Sólo viste un boxer a rayitas y medias. Se
coloca una bata y se sienta en el borde de la cama. Mira cada tanto
hacia el baño con inquietud) Me has hecho sentir feliz como
no lo era desde hace mucho tiempo. Sabes? En el país de donde yo vengo
los niños no maduran tan pronto como aquí. (Se oye un llanto ahogado que proviene del baño) No llores. (Nervioso se acerca al baño. No entra en él. Habla a distancia.)
Puedes llevarte el jabón del baño, el jabón, chiquita bonita...el
jabón, chiquita... el jabón del baño, bonita. No llores, haz de cuenta
que no pasó nada. Te traté bien, puedes llevarte el jabón del baño. No
pasó nada. (Enciende otro cigarrillo y da una larga pitada. Mira hacia el baño donde el agua ha dejado de correr) ¿Ya terminaste? (Busca su pantalón y saca de su bolsillo la billetera. Extrae dos billetes). Tu mamá te espera abajo. Dile que el Sr. Goodfellow le envía este dinero. Este dinero y el jabón del baño. (Se sienta en la cama) Cuidado con el agua que sale muy caliente.
Se funde la luz
Escena 2
Dos
horas antes de la escena anterior. Habitación humilde. Una mujer
sentada separa los granos de maíz. Tendrá treinta años de edad pero
parecería mayor. Se dirige hacia un extremo donde está ubicado el baño.
Se siente el sonido que sale de un grifo. Jamás se ve a su
interlocutora.
Madre:
¿Te falta mucho? ¿Es posible que te lleve tanto tiempo bañarte? Hay
días que ni siquiera quieres lavarte las orejas y justamente hoy se te
da por “la limpieza”. Mira que no podemos llegar tarde. El señor
Goodfellow dijo que debíamos llegar a su hotel a las 10 en punto. Estos
gringos son muy puntuales. Parece un buen hombre, muy educado… Está en
el hotel frente a la plaza. Ahí sólo se hospedan los que tienen dinero.
No es para cualquiera. ¿Sigues bañándote? ¡Por favor, termina de una
buena vez! La nueva maestra y sus principios de “limpieza” me tienen
harta. La señorona te llena la cabeza. Creen que porque estudiaron
saben más que una madre. Dicen que es solterona. Sigue su ejemplo y vas
a ver como terminas. (Mirando los granos de maíz)
Estos granos cada vez vienen peores. Se pierde casi un cuarto de kilo.
Hoy cuando volvamos te voy a hacer tortillas de maíz y vamos a comprar
dulce en la despensa. ¿Te gustaba el de naranja? Nena, ¡por favor!.
Tanto lío por ir de visita. Salimos tan poco. Te planché el vestidito
rosa. Tuve que alargarte el ruedo. Si te portas bien te voy a comprar
uno nuevo. (Se pone a jugar con los granos dejándolos caer sobre la vasija que los contiene) No siempre se hace lo que uno tiene ganas. Hay veces que debemos aguantarnos. Si lo sabré yo. (Se pone a moler los granos en un mortero)
Ayer planché una montaña así de ropa para la señora. La desgraciada
vino a revisar lo que había hecho y como no le gusto revoloteó toda la
ropa y me dijo que lo hiciera de nuevo. ¡Perra! Le hubiera tirado la
plancha en la cara. Me tuve que comer el veneno y seguí trabajando. (Golpea cada vez más fuerte) ¡Vida
de mierda! Y todo por dos monedas. Por eso no quiero que termines
trabajando de sirvienta. El otro día la esposa del doctor me preguntó
si podías ir a ayudarla con las labores. ¡Ayudarla! Dicen eso y después
terminas limpiando su mierda. (Termina de moler los granos) Peinate linda. Te dejé las hebillas para el pelo. ¿Las viste? No contestes que no hace falta. ¿Acaso estás muda? (Se saca el delantal) A
mí te dejo que me trates así pero espero que te portes bien y no le
faltes el respeto al señor Goodfellow. Es un caballero. Una nunca sabe
cuando se presenta la oportunidad para salir de esta mugre. Yo lo tenía
a un metro de distancia y desde allí le sentía su olor a limpio. Ropa
nueva, colonia, que se yo que era lo que lo hacía oler así. Quizá usa
jabón perfumado para bañarse…
Se funde la luz
Escena 3
Dos
días antes de la escena precedente. La maestra está ante la clase. Sólo
se la ve a ella. Tiene un pizarrón a sus espaldas. Le habla a las
alumnas.
Maestra:
Buenos
días, alumnas. Soy la señorita Pilar, su nueva maestra. Niñas, espero
que este año que comienza sea fecundo para ustedes y que encuentren en
mí una luz que pueda alumbrarlas en esta etapa tan… como decirlo…
convulsionada, eso es, de vuestra vida. Algunas de uds. ya se han
convertido en señoritas. Otras esperan deseosas el momento de florecer.
Comprendo vuestra ansiedad. De todos modos para evitar pequeños
desajustes en nuestra relación he decidido este primer día dedicarlo a
transmitirles ciertos códigos de convivencia que deberán ser respetados
a rajatabla, queridas. (Saca de su bolsillo un papel prolijamente doblado. Lo despliega y luego de tomar sus lentes lee en voz alta) Numero
uno: las estudiantes no usarán ropa ceñida, suelta, reveladora, caída o
corta. Algunos ejemplos de ropa inaceptable de acuerdo con esta norma
incluyen, entre otros: pantalones cortos de correr, pantalones de
ciclista o mallas ajustadas, minifaldas, blusas cortas, blusas con
tirantes delgados, ropa “reveladora” sin mangas, ropa muy escotada y
sin espalda, prendas de vestir con cortes y roturas hechas
deliberadamente y blusas a medio torso. (Mira a las niñas por encima de sus anteojos y dibuja una sonrisa)
Numero dos: todas las prendas deberán ser de un largo apropiado y
modesto. El largo de todas estas prendas tendrá que llegar por lo menos
a la mitad del muslo o más abajo. (Sonríe) Numero
tres: los zapatos no deberán desmerecer o interferir con el ambiente de
aprendizaje o presentar un riesgo para la seguridad o la salud. Se
prefiere el uso de zapatos de punta cerrada. Numero cuatro: El estilo o
color del cabello y el maquillaje de la estudiante no deberán distraer
o interferir. Los tatuajes permanentes o temporales deberán cubrirse
todo el tiempo. (Sonríe) Como ven son pequeñeces muy sencillas de cumplir. ¿No es cierto, queridas?. Eviten situaciones enojosas, por favor. (Sutilmente amenazante) Yo pongo nota de concepto. (Vuelve a sonreir)
Hay un punto más, muy importante por cierto, que quiero comentarles. Es
tan desagradable entrar al aula y percibir el tufillo propio de los
ambientes cerrados donde se concentra mucha gente. Sobre todo
personitas cuyas hormonas están en un período tan explosivo. Podemos
ser humildes y tener todo tipo de dificultades sanitarias pero no
debemos olvidar que el “aseo” es fundamental. Un poco de jabón y agua,
algo tan elemental, nos libera de tantos enemigos ocultos. Para
ilustrarlas le contaré un pequeño cuento popular. En el pueblo de
Cariamanga, vivía una niña que se llamaba María. Era una chica muy
feliz y amiga de todo el mundo. Siempre pasaba bailando y cantando y
jugando con sus amigas. Pero María era una chica muy descuidada. Había
aprendido de la higiene en la escuela, pero no hizo caso al profesor.
Casi nunca se bañaba. Y tampoco se lavaba las manos. Siempre estaba con
manos sucísimas! Por eso todo el mundo la llamaba "María con Manos
Sucias". Pero María no sabía que en la suciedad de sus manos, vivían
pequeños animalitos, tan chiquitos que no los puede ver a simple vista.
Pero en cada dedo, vivían millones de estos animalitos que se llaman
microbios. Todos tratando de enfermarla. Y un día en el dedo de María,
llegó un gusano muy malo y peligroso. Su nombre era Guillermo Gusano. A
Guillermo le encantaba causar enfermedades a los niños de Cariamanga.
Pero solamente podía causar enfermedad en los niños como María que no
practicaba una buena higiene. La próxima vez que comió María, Guillermo
saltó en un pancito y así llegó a su estómago. Y en el estómago de
María Guillermo organizó una reunión de todos los gusanos para
planificar una invasión del intestino de María para hacerla enfermar.
Pobre María!!! Y poco a poco se enfermaba María. Se sentía muy mal.
Tenía diarrea y un dolor de estómago muy fuerte. Por fin tuvo que ir
donde el médico. El médico le dio unos medicamentos para los bichos. La
medicina mató a Guillermo y sus amigos, y María empezaba a sentirse
mejor. Y después de esta experiencia, María se dio cuenta que había
mucho que hubiera podido hacer para evitar la enfermedad. Y ahora a
cada rato se está lavando las manos. Por eso, ahora todo el mundo la
llama "María con Manos Limpias". (Mirándolas inquisitiva) ¿Les gustó? (Sonrisa amplia)
Se funde la luz sobre el rostro de la maestra.
Telón

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