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ANIMALES URBANOS VI: chimeneas sin humo Imprimir E-Mail
Escrito por Santiago Serrano   

 

 

 

Sexta Historia

"CHIMENEAS SIN HUMO"

 

 

 

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Taller de una vieja fabrica. En el fondo se pueden ver telas blancas que cubren maquinarias. Un gran reloj que ya no funciona. Todo lo que rodea denota abandono. Una mesa de línea de producción es el único mueble que se continua usando cotidianamente.
En escena dos operarias. Una tiene casi sesenta años, la otra es una adolescente.

 

 

 

LA MUJER: Doblá la tela en cuatro así queda prolija. Es fácil. Doblala por el medio y luego nuevamente por el medio. El trabajo hay que hacerlo con ganas. Cuidado con los bordes. Derechito, derechito...

LA JOVEN: Estoy nerviosa.

LA MUJER:  Tranquila. Es tu primer día.

LA JOVEN: Y mi primer trabajo.

LA MUJER:   Siempre es difícil empezar.

LA JOVEN:  Sé que pronto voy a encontrar algo mejor que “esto”.

LA MUJER:   Cuidado con lo que decís. Yo trabajo hace treinta y cinco años, dos meses y veintitrés días en “esto”

LA JOVEN:  ¿Treinta y cinco años doblando telas?

LA MUJER: Antes era distinto. Ahora es lo que es. Hay trabajos peores. Te acostumbrás. Una se acostumbra a todo. Después de un tiempo llegás a hacerlo sin pensar. ¿Cómo dicen en los aviones? Piloto automático, nena. El cuerpo esta acá y la cabeza en cualquier parte.

LA JOVEN:  ¿Pagan puntual?

LA MUJER: Todas son iguales. Primer día de trabajo y ya piensan en cobrar.

LA JOVEN: Yo necesito la plata.

LA MUJER: ¿Y quién no? O creés que yo lo hago como “hobby”. Pagan en algún momento. Dejate llevar y cuando menos te des cuenta tenés el sobre en la mano. No sabés lo lindo que es ese momento. Dura poco pero vale la pena.

LA JOVEN:  Parece que no, pero cansa.

LA MUJER: No te detengas. Nunca te detengas. Seguí. Seguí siempre.
Ellos te están mirando

LA JOVEN: ¿De verdad? Yo no veo a nadie

LA MUJER: Vos sí que te caíste de la palmera. Ahí arriba, en la pared.

LA JOVEN: ¿Dónde?

LA MUJER:  No mirés. Nos están filmando. Hay una cámara.

LA JOVEN:  ¿Filmando? ¿Nos están filmando?

LA MUJER:  Lo hacen por seguridad. De ellos claro. Muchos robos. Encontraron a una que se guardaba telas en los calzones.  Además quieren saber quien trabaja y cuanto.

LA JOVEN:   Bueno, entonces mejor lo hago más rápido.

LA MUJER:  No te apurés, tampoco. El ritmo justo. Ni mucho, ni poco. Si te apurás demasiado nos perjudicás a todas. Después querrán que hagamos la misma cantidad.
LA JOVEN:    Pero tengo que cuidar el trabajo.

LA MUJER: Te aseguro que no sé qué es peor: si que ellos te sancionen o que las  compañeras  te pongan en remojo. Una peruana no hablaba con nadie. Se la pasaba doblando y doblando sin parar. Nos duplicaba a todas. Era una máquina la desgraciada. Yo se lo advertí. Tené cuidado, le dije. Pero ella ni contestaba. Sólo decía: “Soy ilegal y tengo 4 hijos. Tengo que ganarme un lugar en la fábrica”.

LA JOVEN:   Pobrecita.

LA MUJER:  Pobrecita ella y todas. ¿Sabés que acá hay compañeras que tienen artritis en los dedos? Te salen como pelotas en los nudillos. Se te endurecen las articulaciones y las manos parecen garras. ¿Querés que queden en la calle por inútiles? ¿Sabés como te duelen los dedos, luego de un tiempo?

LA JOVEN:   ¿Y entendió la peruana?

LA MUJER: La hicieron entender. Le pisaron los dedos en el baño. Las chicas estuvieron un poco duras.  LA MUJER dejó el trabajo. No sé que habrá sido de ella.

LA JOVEN:   ¿En el baño?

LA MUJER:   No te detengas. Ya te dije: ni rápido, ni lento. Es como bailar con alguien. Vos mirame y seguí mi ritmo.

LA JOVEN:  ¿Y quién esta detrás de la cámara?

LA MUJER:   Que sé yo. Alguien nos mira. Doblá derecho. Cuidado con los bordes.

LA JOVEN:   Me puso nerviosa todo esto.

LA MUJER:  Vamos, arriba el ánimo. Todo es cuestión de costumbre. Una se sorprende de lo que puede soportar.

LA JOVEN:   ¿Escuchar..., escuchan?

LA MUJER:  Vos sí que naciste ayer. ¿Te creés que te diría todo esto si ésos podrían escucharme?.

LA JOVEN:   ¿Cómo sabe?

LA MUJER:   Un día me puse como loca y empecé a decir: “Hijos de puta, hijos de puta” Empecé bajito y fui subiendo el tono. Trabajé como nunca. También descargué la furia que tenía. Ese día me felicitaron por la producción.

LA JOVEN:  ¿O sea que puedo insultarlos?

LA MUJER:  Si te dan ganas... Yo ya me cansé de eso. Pero esperá un poco, éste es tu primer día.

LA JOVEN:  Mi mamá estaba tan contenta  que hubiera conseguido trabajo. Claro que ella no sabía como era esto. Acá hay que estar bien con todos. Hay que producir ni mucho, ni poco. Hay que ganarse a los patrones y a las compañeras. Yo no sé si voy a poder...

LA MUJER:   Tampoco es la guerra. No es muy distinto de lo que pasa afuera.

LA JOVEN:   Espero que haya trabajos mejores.

LA MUJER:   Lo dudo pero si yo tuviera tu edad intentaría buscar algo mejor, con más futuro. Cuidado, te dije que doblés 4 veces. Rehacé esa. Aunque ahora en este país hay solo dos maneras de hacer plata: Internet o hacerse puta. Son las dos profesiones más rentables.

LA JOVEN:  Yo entiendo poco de computadoras.

LA MUJER:  Entonces te queda una sola opción... En la pensión en que vivo hay una  brasileña y otra dominicana. ¡Hacen la plata! Y eso que dicen que es la profesión más vieja del mundo. Al fin y al cabo es un trabajo como cualquier otro. Si uno tiene la cabeza fría. Ellas seguro que hacen como yo, ponen el piloto automático y ya está. Lo malo es que con tanta extranjera nos están sacando puestos de trabajo. La industria argentina hasta en eso esta en baja. Ya nadie compra “argentino”

LA JOVEN:   ¿Y Ud. porqué no se dedica?

LA MUJER: Me estas cargando. Ya estoy fuera para eso. Aunque algunos domingos cuando llega  fin de mes  y estoy seca me da ganas de ir a revolear la carterita. Me va costar encontrar quien pague pero a la larga siempre hay algún desesperado. Mi margen de ganancia sería mínimo pero para una emergencia... Te estas lentificando. Pensá que te están mirando.

LA JOVEN:  Me gustaría ser quien mira. Trabajar sólo mirando como otros trabajan. Sería como ver televisión.     

LA MUJER:    Claro que tenés que ser alcahuete.

LA JOVEN:  Ahí viene alguien. Parece una inspectora.

LA MUJER:   Que va a ser... Es húngara o croata, no sé bien. Ni sé como se llama.  Habla en un idioma que ni Dios entiende.

LA JOVEN:  No sé para que viene esta gente al país. Acá no ganamos ni para vivir. Además no hay trabajo.

LA MUJER:   No le pagan ni la mitad, creo que trabaja por la comida.

LA JOVEN:    Silencio que puede escuchar.

LA MUJER:  ¿No te dije que no entiende nada la desgraciada?. Parece como nosotros, pero no... El olor te mata. No se baña nunca. Anda a saber donde vive. Al menos no es de esas orientales o negras.

LA JOVEN:  ¿De verdad?

LA MUJER:   No dejés que se acerque mucho, creo que tiene liendres. Ya contagió a una de las compañeras con piojos.

LA JOVEN:   Me pica de solo hablar de eso.

LA MUJER:    (Indicándole a LA MUJER con el dedo)  Trabajá ahí.

LA JOVEN:   Tiene práctica en doblar.

LA MUJER:   Mirá que ha tenido mala suerte. Venir acá a buscar fortuna. No te rías que la cámara no escucha pero si nos ven riendo hay problemas. Reíte para adentro, si querés.

LA JOVEN:   Yo me iría a otro país. Un país más desarrollado. Alemania, Japón, que sé yo... Allá no me importaría hacer este trabajo. Creo que hasta limpiaría baños.

LA MUJER:  Si yo tuviera tu edad estudiaría computación o... me haría puta o... viajaría al exterior. O las tres cosas a la vez, por que no.

LA JOVEN:  ¿Dónde queda el baño?

LA MUJER:    Todas las pendejas son iguales.  

LA JOVEN:  ¿Puedo ir? Hace como 15 minutos que tengo ganas de hacer pis. Me daba vergüenza preguntar.

LA MUJER:  Nos dan 5 minutos para el baño y nos lo dan a todas juntas. ¡¿Te imaginás veintisiete mujeres en un baño?! Hasta en eso nos jodió la naturaleza. Los hombres se desabrochan y ya está. ¿Viste que en los baños de los hombres nunca hay cola?

LA JOVEN:    Se me acerca mucho la croata. Me da picazón de verla.

LA MUJER:    Pateale los tobillos. Hacelo disimuladamente. Es hija del rigor la guacha.

LA JOVEN:   ¿Así?

LA MUJER:  ¡Más fuerte! ¿No ves que ni se mosqueó?. Creyó que venía a hacerse “la América”.

LA JOVEN:   (Le pega) ¿Así?

LA MUJER:   Muy bien, piba. Estás aprendiendo. Acá todo es cuestión de aprender las reglas del juego.

LA JOVEN:   ¿Ud. cómo se llama?

LA MUJER:     Matilde.

LA JOVEN:    Yo, Jessica. ¿En serio que no puedo ir al baño?

LA MUJER:  Lindo nombre. Ahora si que hay lindos nombres. Ahora te podes llamar como quieras. Antes si no estaba en el santoral, cagabas. Ya no se escuchan nombres como Teodora, Felipa, Hortensia, Clavelina... Con esto de la libre importación hasta hemos perdido los nombres. Tengo una sobrina que se llama Marlene. Marlene Solange Chocarelli. Creo que hasta uno se puede cambiar el apellido también.  Marlene y Jessica son como de actriz. A alguien con un nombre así la vida le tiene que sonreír.

LA JOVEN:   A mí no me sonríe.

LA MUJER:  La vida no da muchas oportunidades. Uno no puede perderlas. Yo cuando entré acá creí que la vida me sonreía.
LA JOVEN:   ¿Pensó eso?

LA MUJER:   Vos no sabés lo que era este país hace 40 años. Yo vine a los 14 de El Totoral, provincia de Cordoba ¿Conocés?  Que vas a conocer... Creo que ni sale en los mapas. Trabajé con cama adentro. Para mí llegar a esta ciudad fue como llegar a Hollywood.

LA JOVEN:  No exagere.

LA MUJER:   Si hubieras conocido la plaza de mi pueblo. Ni cura había en la capilla, había que casarse en otro pueblo. Me vine para acá a limpiar la mugre ajena. Eran buenos tiempos. Le podía mandar plata a mi madre y me sobraba para salir los sábados. No sabés lo que era la calle Corrientes... Lavalle...  Después di el gran salto. Me tomaron de operaria en esta fábrica.

LA JOVEN:   ¿Esto era una fábrica?

LA MUJER:   Si supieras el ruido que había. Antes fabricábamos las telas, ahora sólo las doblamos. Yo manejaba una máquina. Esta ahí atrás cubierta con esa tela. Duerme el sueño de los justos.  Ser operaria era tener un oficio y eso era como tocar el cielo con las manos. Las fábricas florecían como hongos. Las chimeneas se veían humeando desde lejos. 

LA JOVEN:  ¿Y qué pasó?

LA MUJER:  ¿Me preguntás en serio que pasó? Dobla más rápido. No tan rápido. Tantas cosas pasaron. ¿A Uds. en la escuela no les enseñan que pasó en este país en los últimos 70 años?

LA JOVEN:    Nunca llegamos esa parte del programa.

LA MUJER:    Tendrían que empezar de adelante para atrás. ¿Cómo se puede vivir sin saber lo que nos ha pasado? Sabés,  yo bendigo este taller cuando llego cada mañana. En esta cuadra había cinco. Éste es el último. Se apagaron uno a uno. El país se hizo humo y las chimeneas ahora son sólo monumentos de un tiempo que pasó.

LA JOVEN:   ¿Y nadie hizo nada?

LA MUJER:    Fue de a poco... ¡Qué sé yo!  Una se va adaptando a todo. Es como tener un marido que te faja. El primer día que te pega pensás que lo hace por un mal impulso. Luego te pide perdón y... lo perdonás. Despues lo hace de nuevo... Una siempre quiere confiar.

LA JOVEN:    Supongo que también es más cómodo.

LA MUJER:   Que sabrás vos...

LA JOVEN:   ¿Pero qué hay que esperar? ¿Que una esté en terapia intensiva?. Yo no me hubiera quedado quieta.

LA MUJER:   No sabés lo que le pasó a los que no se quedaron quietos. Pero para que discutir con vos...

LA JOVEN:  Lo que está a la vista es lo que les pasó a los que miraron para otro lado.

LA MUJER:  Sos rápida de lengua.

LA JOVEN: ( Pateando a la croata que se acerca) Mejor la pateo con la punta. No entiende.
LA MUJER:   Vas aprendiendo.

LA JOVEN:   Le dolió.

LA MUJER:  Cuidado, no le des tan duro. Van a venir a ver que pasa. No le dejés marca.

LA JOVEN:  ¿Se puede cantar?

LA MUJER:   Acá se puede hacer de todo sin que te vean y sin parar de doblar las telas.

LA JOVEN:  ¿Le gusta el rock?

LA MUJER:  Yo voy a bailar el tango. ¿No te gusta? Ahora todos lo bailan. Yo bailo todos los sábados en “La Argentina”. Ese día me visto de primera. No me conocerías si me vieras. Ese día es mi día.

LA JOVEN:   A mí me aburre.

LA MUJER:  ¿Cómo te va a aburrir si hasta los americanos lo bailan? Los japoneses se vuelven locos. Que un tipo te agarre de la cintura...

LA JOVEN:   ¿En serio no puedo ir al baño? Me muero de ganas.

LA MUJER:  Aguantá querida, aguantá. Hasta que no cante la sirena...

LA JOVEN:   Ya no sé como apretar las piernas.

LA MUJER:     Aguantá. Que va a decir el señor de la cámara.

LA JOVEN:   Desde chica me pasa, no puedo esperar.

LA MUJER:     Aguantá. Así floja te van a comer los leones.

LA JOVEN:    Trato.

LA MUJER: No pienses en eso. Doblá y doblá. Poné la mente en blanco.

LA JOVEN:  ¿Falta mucho?

LA MUJER:  Media hora para el timbre.

LA JOVEN:  Voy a tratar.

LA MUJER:  Pensá en otra cosa. ¿Son muchos en tu casa?

LA JOVEN:  Mi mamá y yo. Mi viejo murió el año pasado. Era bancario, con la pensión de él no alcanza para nada.

LA MUJER:  ¿Y ella no trabaja?

LA JOVEN:   Mi papá nunca quiso. Se casaron cuando ella tenia mi edad. ¿Dónde puede trabajar ahora?  Ella ya es vieja para empezar.

LA MUJER:  Prefiero no preguntarte la edad para no deprimirme.

LA JOVEN:  ¿Cómo no se va a poder ir al baño?

LA MUJER:  El reglamento. Con el tiempo uno se acostumbra. Hasta la vejiga se pone la camiseta de la empresa.

LA JOVEN:   No es justo...

LA MUJER:  ¿De qué justicia hablás?

LA JOVEN:   Alguien tendría que quejarse...
LA MUJER:   ¿Quién se va a quejar? ¿Y a quién? Como se ve que no sabés de historia.

LA JOVEN:    Es cierto. Será por eso que no me acostumbro a todo. Lo único que  sé es que me hago pis encima. ¿Y si voy al baño?

LA MUJER:  Más te vale que no. Te echarían. Además está con llave. ¡Cuidado! Doblá bien la tela.

LA JOVEN:   No puedo más. Me estoy haciendo.

 LA MUJER:  No parés. Seguí doblando. Escuchame, piba. Tranquila. Abrí las piernas y relajate.

LA JOVEN:   No voy a hacer acá parada. Me da vergüenza.

LA MUJER:   ¿Qué querés que haga? Me estas poniendo nerviosa. Hiciste que se me cayera la tela.

LA JOVEN:   Abro las piernas y me relajo.

LA MUJER:    No hagas caras, por favor. Te están mirando.

LA JOVEN:   Me están mirando.

LA MUJER: Una se acostumbra a todo. No dejés de doblar. Derechito. Derechito.

LA JOVEN:    No puedo. Así, no puedo. No soy un animal... (Golpea la mesa con las manos)

LA MUJER: ¿Qué hacés? El trabajo...(Intenta continuar con el trabajo)

LA JOVEN:   Baño... Baño.

LA MUJER:  Pará. Te van a echar.

LA JOVEN: Baño. ¡Baño!

LA MUJER(Deja de trabajar) Estás loca...

LA JOVEN:  ¡Baño!

LA MUJER: (Por un impulso golpea la mesa. Luego continúa haciéndolo) Baño...  ¡Baño!

 

 

 

La croata las mira sorprendida y detiene su trabajo. Luego comienza a golpear. Gritos y golpes van en aumento. El sonido se asemeja al de una máquina fabril.

 

 

 

Telón
 
 

 
 
 
 
 
 

 

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