Toronto, Canadá – Fue un lleno completo. En la inusualmente cálida noche de primavera el público de Toronto la acogió en su seno. Apasionadamente la ovacionó una y otra vez.
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Voz y personalidad: Espectacular Triunfo artístico en Harbourfront
Toronto, Canadá – Fue un lleno completo. En la inusualmente cálida noche de primavera el público de Toronto la acogió en su seno. Apasionadamente la ovacionó una y otra vez.
Era su primer concierto en la ciudad natal. Hilary y Gustavo Martínez, sus orgullosos padres estaban en primera fila. Amanda Martínez no defraudó. Acompañada magistralmente por Kevin Laliberté en guitarra, Drew Birston en bajo, y los geniales solistas cubanos Rosendo “Chendy” León en percusión, Alex Brown en trompeta y Osvaldo Rodríguez en violín -un elenco de virtuosos músicos en cualquier parte del mundo- la presencia de la radiante diva iluminó espectacularmente la atestada sala.
Pies descalzos, azabache melena caprichosamente suelta, rostro de exquisita belleza, Amanda se deslizó sutilmente en escena. Daba la impresión que levitaba a escasos centímetros del suelo. De lo más natural. La acarreaba el rítmico batir de brazos, la elocuencia de manos expresivas. Un largo traje de noche, blanco-plateado, le acariciaba el cuerpo. Sugestiva elegancia. Sonreía traviesa la niña. Cimbreaban sensualmente las caderas de la mujer. Palmeras de trópico suavemente mecidas por brisas caribeñas. En Toronto. Por ahora. Al menos mientras soñaba con llevar música y corazón a Cuba, fuente de inspiración.
Amanda clavó seductores ojos en la guitarra de Laliberté. Respondieron las cuerdas. Sonó la conga. Arrancaron resonantes las notas afrocubanas del son Guajira Sola. Explotó el silencio la estremecedora voz de Amanda. Era obvio que la fantasmagórica visión venía en plan de conquista. Otrora risueña, encantadora, Amanda se apoderó del público.
De inmediato nos dimos cuenta que sería noche de embrujo. A media luz. En la intimidad del teatro Enwave de Harbourfront. En Toronto. En cálida noche de mayo más que un concierto Amanda Martínez seduciría a una audiencia muy dispuesta a rendirse al hechizo de la consumada artista.
A partir de ese momento, lo demás fue pura realidad mágica. Algunos dirían brujería. Como que los juguetones, traviesos espíritus de ancestros mexicanos, santeros cubanos, duendes de la gitanería y hechiceros africanos tiernamente condujeran cada nota, cada giro, cada paso, de cada exquisita emoción en el amplio repertorio de Amanda.
¡Y que repertorio! Esta mujer nació para cantar. La velada sería fiel testigo de que se consagraba entre las mejores. Violeta Parra rebosaría de júbilo por el cadencioso sabor cubano que Amanda nos regaló en Gracias a la Vida, acertada selección de SOLA, su primer CD. En Mañana de Carnaval, hizo propia el exotismo tropical del brasileño Luiz Bonfá. Manifestando la extraordinaria latitud de su repertorio, la diva canadiense interpretó Flamenco con la gracia y sensualidad de auténtica cantaora gitana mientras que las cristalinas, sonoras notas de Curru Cu Cú Paloma evocaban sus profundas raíces mexicanas demostrando de una vez por todas que en la voz de Amanda Martínez lo viejo, lo tradicional es nuevo y bello una vez más.
Sin lugar a duda Cántame, compuesta con el guitarrista Kevin Laliberté, la identifica como una vibrante, rítmica elegía personal al amor. Y así debe ser. Romántica hasta los tuétanos, Amanda adora el bolero cubano. Lo reflejan sus arreglos. Ha visitado la isla. Se enamoró de su gente, de su música, del paisaje, del mar. Regresó una y otra vez. Desea volver. En la próxima, a cantarle a Cuba.
Y cantar lo hará. Con sabor a mojito. Con alma, vida y corazón. Por ahora, el público le pide Cántame. Amanda obliga. Vuelve la magia. Transportada por el exuberante ritmo de su propia creatividad y las palmas de la audiencia, se entrega en sensual ensueño. En indiscutible ritmo afrocubano. Tan completa es la transformación en intérprete criolla que por un momento nos embriagamos de mar, de sol y de ron. Perdidos en las arenas de Varadero.
Una y otra vez la artista manifiesta la innata habilidad de convertir la canción en poesía lírica. Lo hace con Volver, otra composición suya. Filigrana pura. Lo repite magistralmente en Sabor a mí. Enamora al público. La voz de Amanda hace suya la canción. La interpreta como si fuesen dedicadas a cada uno de los presentes. Su traviesa personalidad los contagia. La audiencia la envuelve en su regazo. Camino de dos vías. Se consuma la unión. Triunfa espectacularmente la artista. Se sublima el espectador.
¿Quién es esta maravillosa, sencilla niña-mujer? Hija de padre mexicano y de madre sudafricana, Amanda Martínez nació y se educó en Toronto. En el año 2000 obtuvo su Maestría Internacional en Administración de Empresas (IMBA) en la prestigiosa escuela Schulich de Negocios de la Universidad de York. Fue ejecutiva en un reconocido banco canadiense. Al cabo de un año decidió que las corporaciones no eran para ella. Renunció al puesto. Quería cantar y actuar. Lo logró. Con creces.
Para 2006 había actuado en la televisión nacional y en centros nocturnos. Presentadora del popular programa Café Latino de la estación Jazz.FM-91 en Toronto puso el micrófono al servicio del artista latinoamericano. Desfilaba la música del quién es quién. Silvio Rodríguez, Hilario Durán, Los Van Van, Benny Moré, Liuba María Hevia, Pablo Milanés, Juan Luis Guerra, Mercedes Sosa, Violeta Parra, Jane Bunnett. En fin, cada sábado por la tarde el oyente se familiariza con lo mejor de los artistas establecidos y con los nuevos talentos de nuestra música.
En 2006 realizó SOLA, su primer CD. Cantando en inglés, español y portugués interpretó ritmos afrocubanos, bosa nova brasileña, ritmos flamencos, boleros y sus propias composiciones. La organización Independent Music Awards premió su primer esfuerzo. Le confirió el premio de la Mejor Música en el Mundo (Best World Music). Es primavera el Premio Nacional de Jazz 2007 (Nacional Jazz Awards) la nominó en la categoría Artista del Año, Jazz Latinoamericano. Poco tiempo después BRAVO!, el canal de arte y entretenimiento canadiense, produjo el primer video de Amanda y su música. Esta semana en el teatro Enwave de Harbourfront Amanda debutó en concierto. Se robó el show.
Se hizo corta la noche. Se embriagó de música el público. La ovacionaron. Cantó de nuevo. Nos dejó pidiendo más. Paciencia, pueblo. Amanda Martínez es única. La tendremos de nuevo entre nosotros aunque habrá que compartirla seguramente con Cuba, definitivamente con los tablados internacionales. Amanda ha alzado vuelo. Se lo merece. Esta niña canta de verdad. Seguirá regalándonos su talento, su belleza y su encantadora personalidad por mucho tiempo más. Hemos sido testigos de una artista maravillosa, de una estrella en ascenso y de una noche fenomenal. Gracias a la vida.

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